viernes, 12 de junio de 2009

Kafka En La Orilla Cap. 14 Parte 1

Nakata fue varios días al solar circundado por la valla. Sólo llovió en una ocasión, desde la mañana y ése día lo usó para hacer trabajos de carpintería en su casa; pero los otros días Nakata estuvo sentado entre la maleza del solar desde la mañana y hasta la noche, esperando a que viniera la gatita rayada, por que apareciese el hombre del extraño sombrero. Pero fue en balde.
Al anochecer Nakata pasó por la casa de quien le había encargado la búsqueda del gato y le informó cómo habían ido las pesquisas de la jornada, cómo le había ido, a dónde había ido y la información que había podido obtener acerca de la gatita, como muestra de agradecimiento, la familia le obsequió tres mil yenes, no era el precio fijado, pero la reputación de Nakata como “maestro de la búsqueda de gatos” había corrido por su barrio y se creía que tres mil yenes era su cuota diaria, con todo Nakata no sólo salía con sus tres mil yenes , siempre también había comida yo o ropa, además cuando lograba encontrar un gato la recompensa era de diez mil yenes.
Como no era usual que a Nakata le encargaran la búsqueda de un gato, al mes, ésos ingresos no eran gran cosa. Era su hermano menor quien le administraba la herencia (que no ascendía a mucho) que le habían dejado sus padres, corría con todos los gastos, gas, electricidad, agua. Y contaba también con el subsidio vitalicio del gobierno de Tokio. Así que el estipendio que Nakata ganaba era dinero que podía usar a su antojo y eso a Nakata le parecía una fortuna. A decir verdad, aparte de comer anguila, a Nakata no se le ocurría otra cosa en que gastarlo. Y el dinero que le sobraba lo escondía bajo el tatami de su habitación, Nakata no sabía leer ni escribir, así que no podía ir al banco, por que allí para cualquier cosa tienes que escribir tu nombre y dirección.
Que podía hablar con los gatos, era algo que Nakata se mantenía en secreto, aparte de los gatos, él era el único que sabía, si se o contara a alguien, se creería que había perdido el juicio, que Nakata era idiota, era de dominio público, pero hay una gran diferencia de ser idiota y loco.
Alguna vez la gente lo había visto platicar con un gato en la calle, pero no era algo a lo que se le concediera mucha importancia, la gente mayor y sola suele hablar con los animales, todos decían: “¿Cómo puede ser que Nakata conozca tan bien la mentalidad y costumbres de los gatos? Ni que pudiera hablar con ellos”, él se limitaba a sonreír. Como Nakata era educado, sonriente y cortés, tenía muy buena fama entre las señoras del barrio, además influía su pulcritud al vestir. Nakata era pobre, sin embargo le encantaba bañarse, a parte de dinero solían regalarle ropa nueva que no necesitaban. Tal vez no pudiera decirse que le sentara divinamente el conjunto de golf de color rosa salmón marca Jack Nicklaus, pero eso a él le traía sin cuidado.