-Pues no la he visto nunca. Y mira que conozco a todos los gatos de la zona. A ésa ni la he visto...i he oído hablar de ella.
-¿Ah,no?
-¿Y llevas mucho tiempo buscándola?
-Pues hoy hará... uno,dos,tres...Sí hoy es el tercer día.
Ôtsuka se quedó pensativo unos instantes.
-Supongo que tu ya debes de saberlo, pero los gatos son animales de costumbres. Por lo general siguen unas pautas de comportamiento muy estrictas y, a no ser que suceda algo extraordinario, odian cambiarlas. Y por algo extraordinario me refiero al deseo sexual o algún accidente. Sí, siempre se trata de una de éstas dos cosas.
-Sí,Nakata opina más o menos lo mismo que usted.
-Si se trata de deseo sexual, dentro de un tiempo se apaciguará y volverá a casa. ¿Entiendes a qué me refiero con deseo sexual?
-Sí. Carezco de experiencia, per puedo entender masomenos de qué se trata. Está en el pene.
-Sí. Cosas del pene- Ôtsuka asintió con cara de resignación- Pero si se trata de un accidente es difícil que vuelva.
-Sí, en efecto.
-Ta,mbién existe la posibilidad de que, impulsada por el deseo sexual haya sido arrastrada lejos y ahora no sepa cómo volver.
-Lo cierto es que a Nakata un avez que salió del barrio le pasó lo mismo.
-A mí también me ha pasado varias veces. Claro que entonces era más joven- dijo Ôtsuka entornando los ojos como si hurgara en sus recuerdos- Cuando tedas cuenta de que te has perdido, te entra elpánico. Lo ves todo negro. Dejas de saber qué es qué- Es horrible. El deseo sexual es algo muy problemático. Pero en ésos momentos no se puede pensar en otra cosa. Ni si quiera qué vendra a continuación. El deseo sexual es éso. Por lo tanto, a esa tal,¿Cómo se llamaba?, la gata esa, la extraviada...
-¿Goma?
-Exacto. A esa tal Goma, incluso a mí me gustaría encontrarla y hehcarle una mano. Una gatita de un año acostumbrada a los mimos de una familia no sabe nada del mundo. No sabe pelearse ni buscar comida por si sola. Pobre bicho. Pero por desgracia no la he visto. Es mejor que busques en otra parte.
-Sí, tiene razón. Es mejor que me dirija a otro lugar. Y siento mucho haberle molestado a la hora del almuerzo. Creoq ue volveré a pasar por aquí así que si ve a Goma no deje de avisar a Nakata. Quizá sea descortesía decirlo pero le recompensaré a usted dentro de mis posibilidades.
-¡Bah! Me ha gustado charlar contigo. Vuielve un día de éstos. A esta hora, si hace buen tiempo suelo estar en el descampado. Y si llueve, en el santuario sintoísta que se encuentra bajando las escaleras.
-De acuerdo. Muchas gracias. A Nakata también le ha gustado hablar con usted. Por mucho que pueda hablar con los señores gatos no puedo entenderme con cualquiera. Los hay que en cuanto me oyen hablar, se ponen en guardia, se callan y se van. Aunque no haya más que saludarlos.
-Evidente.Igualq ue uno se encuentra de todo en los hombres, en los gatos es lo mismo.
-En efecto. Nakata también opina lo mismo. En este mundo hay muchos distintos de hombres y muchos tipos distintos de señores gatos.
