-Sí, en fecto. Me llamo Nakata, buenas tardes.-
-Buenas tardes-dijo la gata siamesa.
-Desde esta mañana está nublado, por desgracia, no parece que vaya a llover- Dijo Nakata.
-Esperemos que no.
Era una gata más o menos de mediana edad, a sus espaldas se erguía orgullosamente la colay, al rededor del cuello, llevaba un collar con placa en donde se leía su nombre. Sus facciones eran hermosas y a su cuerpo no le sobraba ni un gramo.
-Llámame Mimí. Mimí de La Bohème. Incluso me dedicaron una canción "Me llamo Mimí..."
-¡Aaah!- Exclamó Nakata.
-Hay una ópera de Puccini que se lalma así,es que a mis dueños les gusta la ópera... Me gustaría cantársela,pero por desgracia carezco de aptitudes para ello.
-Lo importante es que la haya conocido a usted, señorita Mimí.
-Lo mismo digo, señor Nakata.
-¿Vive usted por aquí?
- Sí, en ésa casa de dos plantas, que mis dueños llaman tanabe. En el portal hay un BMW 530 color crema ¿Lo ve usted?
-¡Aaah!- Exclamó Nakata.No acaba de entender lo que era un BMW, pero podía ver un auto color crema, quizá éso era un BMW.
-Oiga, señór Nakata, yo por el decirlo, soy muy independiente y lo cierto es que tengo un caracter un tanto peculiar y no me gusta meterme donde no me llaman. Ése chico al que usted lalma Kawamura, la verdad no tiene grandes luces, el pobre cuando era pequeño chocó con un niño que iba en bicicleta y salió disparado y se dió en la cabeza contra un muro de hormigón. Desde emntonces quedó incapáz de articular frases coherentes. Así que por más que se esfuerce, dudo que usted saque de él algo claro. Desde hace un rato los he estado observando y la verdad no he podido evitar intervenir. Dudaba en hacerlo,ya que no es propio de mi carácter actuar de éste modo.
-¡Oh,no! No diga éso, muchísimas gracias, gracias por su consejo, yo al igual que es señorKawamura soy muy estúpido y no se que haría si no me ayudaran. El señor gobernador,por ejemplo,cada mes me da un subsidio. T ni que decir tine que ver también sus opiniones,señorita Mimí, son de gran valor.
-¿Estás buscando aun gato verdad? No es que estuviese escuchandoa hurtadillas, nocre. Sólo que me encontraba ahí,durmiendo la siesta, y no he podido evitarlo, una gata llamada Goma ¿Verdad?
-Sí
-Y el Señor Kawamura dice habewrla visto ¿Verdad?
-Sí, eso ha afirmado hace rato. Sólo lo que ha añadido a continuación es algo que una persona tan estúpida como Nakata no logra entender. Y no sé qué hacer.
-Mire señor Nakata ¿Y si yo hablara con él? Entre gatos es más fácil entenderse y ya estoy acostumbrada a su manera tan rara de hablar.Así pues ¿Qué le parece si yo escucho lo que tenga que contarme y luego se lo explicase en términos generales a usted?
-Oh sí, me haría un gran favor.
La gata siamesa hizo un breve gesto de asentimiento, bajó agilmente al suelo saltando desde el muro como si marcara un bello paso de ballet. Y con su negro rabo levantado como el asta de una bandera se fue acercando a Kawamura y se sentó a su lado. Éste alargo el hocico e hizo ademán de olerle el trasero,pero, al momento la gata siamesa lo detuvo y le dio una bofetada en la mejilla. Lugo sin pensarlo un momento le atizó con la almohadilla de la pata en el hocico.
-¡Compórtate y presta atención,imbécil!¡Pedazo de cojones podridos! -Le gritó a Kawamura con voz amenazadora- A éste chico, si de buen principio no lo pones ens sitio, las cosas no marchan-dijo Mimí como disculpándose- Se relahja y empieza a decir cosas raras. Lo cierto es que el no tiene la culpa, pobrcillo. Me da pena, pero no hay más remedio.
-Sí- convino Nakata sin saber muyu bien en qué.
Luego empezó la conversación entre los dos gatos, pero hablaban tan rápido y en voz tan baja que Nakata no podía entenderlos. Mimíin quiría con voz cortante. Kawamura contestaba en tono melindroso. A poco que se taraba en dontestar, Mimí le daba un garrazo. Era una gata siamesa muy válida en cualquier terreno. Tenía mucha cultura. Nakata había conocido a muchos gatos, pero ninguno que supiera de ópera o de marcas de coches. Nakata se quedó embobado admirando ése modo de hablar.
Cuando Mimí considerío que ya había escuchado lo suficiente, se lo quitó de encima con un ademán que sugería "Ya basta, he escuchado suficiente. Ahora Lárgate" Y Kawamura se fue con aire abatido. Luego Mimí, muy de hacerse querer, se subió a las piernas de Nakata.
-Ya sé dónde puede estar- exclamó Mimí
-Muchas gracias-dijo Nakata.

